sábado, 16 de agosto de 2008

El libro de los Libros


Historias sobre imágenes

Cuánto de sugerente puede llegar a ser una imagen. Cuántas historias, cuánta fantasía puede aflorar a partir de ella. La mirada que el observador pone, la transforma, creando un espacio nuevo.

En este "El libro de los Libros" Quint Buchholz, ilustrador de cuentos y libros infantiles y juveniles, ofrece sus imágenes. En cada una de ellas la limpieza en sus líneas, la sencillez de sus trazos, la evocación a través de elementos sorpresivos... hacen que una tras otra se claven en la retina, no dejándote indiferente.


... La pluma que se sustenta sobre el frío cristal, manteniendo un equilibrio imposible en el borde de un vaso. El hombre que observa impávido, sobre una columna de libros en plena ciudad... Inevitable no cuestionarse su significado, o dejarse llevar por esa historia que observamos. Un segundo, un instante que conmueve, que golpea tu mente, removiendo los cimientos de tu imaginación.
Cuarenta y seis escritores y escritoras, entre ellos Javier Marías, Ana María Matute, Carmen Martín Gaite, Milan Kundera, Jostein Gaarder, Amoz oz, Susan Sontag... recrean toda suerte de historias al hilo de cada una de ellas.


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La propia ausencia


Ahora, cuando he contemplado mi ausencia, sobrevolando y alejándome, como globo errante, de todo aquello que fui, de todo aquello que creía -o quizá sabía- lo más hondo y verdadero de mi vida.
Ahora, ahí está una silla sin nadie, apoyada en el borde de una mesa sin mi. Es el gesto de una infinita desolación, de un espacio vaciado de su contenido natural, como ese vaso boca abajo, negándose a recibir, a contener, a calmar una sed.
Recuerdo una máquina enfundada, el silencio ocupando el lugar de las palabras. Lo recuerdo muy bien; era el día en que contemplé mi ausencia. Lo sé ahora, porque he regresado, ahora, cuando lenta y minuciosamente he ido restituyendo a su lugar lo que creí perdido. Objetos, muebles, y ese vaso, ahora boca arriba, esperando llenarse de sed viva y estremecida. Ahora contemplo lo que fue, ante mis ojos, mi propia ausencia.

Ana María Matute


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"No sé que suerte de inclemencia está cayendo a plomo sobre el paisaje. La carretera, con trazas y mañas de río, simula apacibles aguas cristalinas y se aleja bajo la llovizna. El esplendor de la hierba todavía no es más que una promesa bajo el cielo de mármol uniforme, sin mácula, sin una grieta de luz. Más allá de semejante atmósfera atribulada se esconden auroras radiantes y rosadas nubes de algodón. La lluvia impalpable pudo haber caído hace muchos días, o tal vez meses, y hasta podría ser que aún no hubiese caído: podría estar parada en el aire, en suspenso, acechando la mansedumbre de la llanura, abrumando la senda que reluce y serpentea alejándose. En los pentagramas casi invisibles que sostienen los postes del telégrafo no se posan pájaros, ni corcheas ni palabras, y el asfalto espejea con tal porfía y pulcritud que no me extrañaría que no llevara a parte alguna. Solamente la escritura abierta como una casita al borde del camino, y el velomotor parado ante ella, expectante y dócil, sugieren un vínculo afectivo, al compartir respectivamente una presencia y una ausencia: el fantasma de una voluntad ilustrada, domésticae itinerante. Consustanciados libro y vehículo, refugio y sendero. Bajo este cielo desleído, en medio de tanto esplendor aplazado, la lectura ofrece cobijo.

Juan Marsé



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jueves, 7 de agosto de 2008

Berlín: Laberinto de Hormigón


Cuando te acercas por primera vez,
sorprendida por sus líneas... descubres la rudeza de esas asimétricas piezas de hormigón delicadamente colocadas sobre un ondulante terreno que no deja de sorprenderte. Comienzas en un extremo cuando aún sus líneas dejan entreveer las figuras de aquellos que se deslizan decididos por sus estrechas calles.
Y entonces te adentras, bordeando cada esquina punzante, buscando el sonido apagado de una voces. Entre sombras que asoman fugaces por el delirante y frío hormigón, tus pensamientos bloquean tus ojos.

Y tiemblas de frío. Respiras aletargada.
Buscando respuestas
entre los muros grises cuarteados.
Voces que describen llantos,
voces dolientes,
voces susurradas entre el miedo y la ignorancia,
que gritan calladamente ahogando su eco.
voces aferradas a una memoria frágil,
voces que apagan miradas.


... Demasiadas voces siguen derramando sus gritos, através de paredes y muros. Paredes y muros que encontramos al volver una esquina y en lugares remotos que tocamos con nuestras miradas.




miércoles, 6 de agosto de 2008

Siempre una mirada


Del
rumor cadencioso de la onda

y el viento que muge;

del incierto reflejo que alumbra

la selva o la nube;

del piar de algún ave de paso;

del agreste ignorado perfume

que el céfiro roba

al valle o a la cumbre,

mundos hay donde encuentran asilo

las almas que al peso

del mundo sucumben.

Rosalía.

domingo, 3 de agosto de 2008

Berlín "La habitación del silencio"


Puede ser una ciudad vibrante, emocionarte en todos los sentidos. Tremendamente abierta, verde y sin aglomeraciones, con bicicletas que recorren sus calles y un sin fin de turistas.
Pero en esta vorágine, museos, exposiciones, terrazas, palacios, paisajes arquitectónicos singulares, se respira serenidad. Con un corazón verde que la atraviesa irradiado con los tentáculos del asfalto en cuatro direcciones, tienes momentos para sentirte esa turista accidental, que siempre has deseado ser.
Y ese momento está justo ahí, delante de todas esas miradas que deambulan. Pero ellos anestesiados por todo lo que significó ese lugar en un momento y tiempo, lo que no deja de ser un reclamo que todos quieren captar en una foto, hace que les pasen desapercibido. Muy pocos son los que observan este letrero y se deciden a entrar.
Nosotros sí conseguimos ser turistas accidentales por un instante. Una pequeña habitación, unas pocas sillas y algunas personas sentadas que observan atentamente. Se deja vislumbrar tan sólo un haz de luz . Un simple intercambio de miradas. No hace falta más. Se marchan, dejándonos a solas. Ese haz de luz reposa en el centro de un tapiz rudimentario. Un punto de luz ténue. El silencio y la luz. Donde el corazón reposa aturdido y la respiración se entrecorta. Esta sensación de paz trastoca los cimientos de cualquiera. Pero no por el silencio en sí mismo, al que tristemente no estamos acostumbrados, sino por el maremagnum de sensaciones que se agolpan dentro de tí. Es compartir el dolor ajeno, es ponerte por un segundo en el lugar del otro. Cuánto dolor tuvieron que escuchar esos muros, cuantas lágrimas, cuantas vidas. Esto no se puede encuadrar en una foto. Se queda pegado a tu piel. Adherido a tu alma.

La habitación del silencio: Un punto de encuentro sin distinción de razas, de religiones, de ideologías, de lenguas... una manera de decir NO a la barbarie, No a las injusticias que nos acechan.

jueves, 31 de julio de 2008

En las orillas del Sar










Del mar azul las transparentes olas
mientras blandas murmuran
sobre la arena, hasta mis pies rodando,
tentadoras me besan y me buscan.


Inquietas lamen de mi planta el borde,
lánzanme airosas su nevada espuma,
y pienso que me llaman, que me atraen
hacia sus salas húmedas.


Más cuando ansiosa quiero
seguirlas por la líquida llanura,
se hunde mi pie en la linfa transparente
y ellas de mí se burlan.
Y huyen abandonándome en la playa
a la terrena, inacabable lucha,
como en las tristes playas de la vida
me abandonó inconstante la fortuna.


Rosalía de Castro, siempre Rosalía.


Hace semanas me traje tus libros a casa. Cuánto daría por verte releyendo estos poemas en el sofá, acompañado quizás por uno de tus discos de vinilo, escuchando esas gaitas penetrar en tus sentidos. Ahora me queda a mí, releerlos por tí. Las lágrimas prenden mis ojos y la congoja aprieta contra mi pecho tan fuerte... que a veces no se puede respirar. Pero no, no quiero llorar.

Mientras releo cada verso, imagino tu mirada serena, firme, cálida, vibrante. Llevando el compás de esas gaitas.

Siempre tu perrecha.

miércoles, 30 de julio de 2008

Fuera del tiempo

Bajo el globo caen los copos.

Ante los ojos de mi memoria, sobre la mesa de la señorita, se materializa la pequeña bola de cristal. Cuando nos habíamos portado bien, se nos permitía darle la vuelta y sostenerla en la palma de la mano hasta que cayera el último copo al pie de la torre Eiffel cromada. Aún no había cumplido siete años y ya sabía que la lenta melopea de las pequeñas partículas algodonosas prefigura lo que siente el corazón durante una gran alegría. La duración se relentiza y se dilata, el ballet se eterniza en la ausencia de obstáculo, y cuando se posa el último copo, sabemos que hemos vivido ese instante fuera del tiempo que es la marca de las grandes iluminaciones. A menudo, de niña me preguntaba si estaría a mi alcance vivir instantes semejantes y hallarme en el corazón del lento y majestuoso ballet de copos, liberada por fin del tedioso frenesí del tiempo.


Esto es lo que siento cada vez que me sumerjo en vuestras palabras, en vuestras voces, en vuestras imágenes.

Cómo dice el texto "Me zambullo en el agua profunda, exquisita y helada del instante fuera del tiempo".

He tomado este pequeño texto del libro la elegancia del erizo de Muriel Barbery, os lo recomiendo. Yo aún estoy en él y me tiene atrapada.

martes, 1 de julio de 2008

Amo tanto la vida

Amo tanto, tanto la vida, que de tí me enamoré,
y ahora espero impaciente ver contigo amanecer.
Si se acaba este milagro, si se consume mi voz,
si me das un último portazo, ¿en qué calle moriré yo?

Estás tan bonita esta noche, te sienta el pelo recogido tan bien.
Pídeme cualquier deseo, poco te puedo ofrecer.
Lloras, gritas, bajo la lluvia, como el ángel Lucifer.
Somos de nuevo herida abierta, mala tierra trágame.

Trágame.

Amo tanto, amo tanto la vida, que de ti me enamoré,
y de amarte tanto, tanto, puede que no te ame bien.
Si yo fuera tu asesino conmigo nunca tendría clemencia,
y me condenaría a muerte, que es condenarme a tu ausencia.

Que no haya mas despedidas, que no eres Ilsa Lazlo ni yo Rick Blaine,
ni yo soy tan idiota, no te dejaría ir con él.
El próximo avión que tomes conmigo lo tendrás que hacer,
y el camino de regreso yo te lo recordaré.

La voz y la palabra de Ismael Serrano.




Cuánto me alegro de haber encontrado en mi camino esta voz maravillosa, este poeta de las emociones, de la palabra cuidada, del amigo. Hace poco que he entrado en este espacio, pero me alegra comprobar que son muchos los que admiran su voz. No me canso de ir descubriendo balcones, puertas, caminos que tienen una mirada tierna puesta en sus canciones. Hoy quería dejar la mía ... recordando aquel agosto en el claustro de un convento en la Isla de la Palma donde escuché por primera vez su voz en directo. Unas horas antes, ahí estaba el escenario, las sillas vacías, la tranquilidad de una voz cálida y una guitarra. Fueron unos minutos... pero que maravilloso tiempo irreal, que se mantiene vivo en mi memoria.